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Noche mágica de fuego y agua. Las tristezas. Al fuego. Los
malos augurios. Al fuego. Todo lo malo. Al fuego. Las alegrías. Al agua.
Los buenos presagios. Al agua. Todo lo bueno. Al agua. Noche mágica de
agua y fuego.
Nos cuentan, tal vez éste fuera el origen de esta noche en la
cristiandad, que Zacarías padre de Juan, al dudar de la fidelidad y
embarazo de su mujer, enmudeció castigado por Dios.
Al nacer su hijo Juan, Zacarías escribió su nombre en una
tablilla, recobrando el habla al instante. Encendió cantidad de hogueras
para que todos conocieran y compartieran su júbilo.
Quizás ese intenso sentimiento de felicidad, en la plenitud
de esta noche, en tiempos más cercanos, es el que la moza casadera
expresa con el adorno y engalanamiento de sus ventanas y balconadas, a
la espera de que el mozo rondador, entone su canto de alegría y amor
solo para ella.
A lo largo de estos años ¡cuántas rondas!, desde que Choco,
compañero que fuera del Coro Ronda Altamira, tuviera el acierto de
recobrar la ronda de la noche de San Juan en Santander. De todas ellas,
una imborrable en mi memoria.
No era moza casadera, su juventud dormía sin prisas en los
caminos de su rostro, donde se entrelazaban amaneceres con sabor a
soledad, tardes con olor de sombra y noches de dudas con color de luna
llena.
Jamás fueron caminos de sequía, en ocasiones regados por
inexpertas lágrimas adolescentes de reproche y despedida; pero en estos
momentos con este recuerdo quiero quedarme, tengo derecho, inundados por
una cascada de risas en su boca, que la luz de su mirada irisaba.
No hace falta flor alguna en tu ventana, te sobra aroma de
rosa serena, nunca te asustó la vida, no tiembles ahora que tu rondador
te ronda!
Sólo quiero decirte
que a las 12 de la noche
encenderé mi hoguera
quemaré los secretos
que siempre callaste
protegiendo mi inocencia
Me adentraré en el agua
cumpliendo el ritual establecido
gritaré tu nombre
para que todos sepan
que el amor a una madre
ni Dios puede acallarle.
Noche de San Juan. Noche mágica de fuego y agua. Noche
mágica de agua y fuego.
JULIO MERINO |