Instrumentos de cuerda, violas, violines,
violonchelos y contrabajos, van invadiendo con
parsimonia el amplio y cálido escenario.
En la calle, el ruido de gentes envueltas en
ropa de abrigo dan vida al invierno que este año
ha traído el más corto febrero. Un timbre agudo
de voces casi imperceptibles va haciendo acto de
presencia en la plaza del Consistorio, poniendo
una nota de color en el ambiente.
Son ahora instrumentos de viento los que
hacen su aparición y buscan su espacio preciso.
Lo conforman esta vez una flauta, por más señas,
travesera, dos oboes, dos clarinetes, una pareja
de fagotes, dos trompetas, y un par de trompas
al fondo. ¿Qué más falta para empezar?
En la plaza agranda el grupo. Se mezclan
voces de bajo, de barítono y de tenor. Unos
hablan del Barça y del Madrid a un tiempo, otros
del tute del viernes en el bar de la Estación, o
incluso del tiempo, que hace y no hace, propicio
para la ocasión.
Ocupa por fin su sitio el timbalero de
turno. Se prevé función solemne. Y se oye de
improviso una masa confusa de zumbidos de
cuerdas al aire. se ha creado una atmósfera
sonora densa y discordiante. Afina la orquesta
el pulso. Todo queda de pronto en silencio. La
sala se hace expectación...
El reloj de la ciudad da las campanadas de
las seis, y su carillón entona el Eres alta y
delgada, en cadencia vespertina. Ya el grupo de
cantores se ha hecho compacto. Ha igualado, con
brazos abrazando hombros y en círculo la figura,
sus voces rudas y potentes. Todo está listo. ¿A
qué esperamos?
De pronto hace su entrada el Director. El
público irrumpe en aplausos. La batuta se yergue
imponente. Suena un Allegro vivace, le sigue un
Andante cantabile, ofrece la orquesta un
Minuetto allegro y termina con un molto allegro
Finale. Ha entrado la magia en escena. Ha sonado
para siempre "Júpiter", en do mayor de Mozart
¿por qué no? Hace 250 años nació en Salzburgo el
genio. Hoy su música es él. ¿Qué tal?
La noche se echa encima. La ronda a iniciado
su marcha ya a golpe de palo pinto. Suena en el
asfalto la albarca y se oyen voces de "buen dao"
tras la marza invernal que anuncia primavera,
repetida año a año sin descanso. Va en aumento
el cesto del pan y también el bolso para el
dinero. De repente aparece en el firmamento una
estrella en tono de mi bemol mayor. ¿Qué pintará
este año trenzando la ronda esa pícara sonrisa
de Wolfgang Amadeus Mozart?
Será un guiño de la historia, digo yo.
Salzburgo 1756: Johannes Chrysostomus
Wolfgang Theophilus Mozart
Santander 2006: Coro Ronda Altamira |
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JML |
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